lunes, 22 de diciembre de 2014

Procurador: ¡más narcotraficante será usted!


Por Carolina Trens

Hay una razón más para despreciar la podredumbre del poder en Colombia en la persona de lo que llaman Procurador General de la Nación, organismo del Estado que fue creado para garantizar los derechos colectivos de los ciudadanos. Debería ser nuestra defensa frente a las arbitrariedades del estado mismo, sus puntos de referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos, todas las leyes y normas cuya esencia sean la libertad, la igualdad, la justicia. Si en Colombia el cumplimiento de los derechos humanos universales fuera una política estatal, la procuraduría se ahorraría la persecución a gobernantes, funcionarios públicos y organismos gubernamentales.

En el país con Ordoñez es exactamente al revés: se persigue a gobernantes, funcionarios y agencias que promuevan el cumplimiento de las leyes colombianas e internacionales. Se apoya, secunda, defiende, protege, patrocina y estimula a todo aquel que esté con la guerra, con el paramilitarismo, con el narcotráfico, con la corrupción. Este oscuro personaje en su militancia nazi es negacionista del holocausto judío durante la segunda guerra mundial. El hombrecito se cree blanco anglo-sajón.

Para Ordoñez el verdadero holocausto moderno es el derecho de las mujeres al aborto, y la verdadera herencia del nazismo: el derecho a la eutanasia y la eugenesia. El Procurador General de Colombia es el Hitler de las mujeres, de las ciudadanas colombianas; pero no se detiene ahí, persigue a los homosexuales, a los estudiantes por potenciales terroristas, a los profesores de las universidades porque ya son demonios, a los artistas e intelectuales (tiene en su escritorio un índice de lecturas prohibidas!), a los campesinos, a los trabajadores, a casi todo el mundo.

El Procurador tiene también su corazoncito y es puro... puro uribismo. Pidió en más de una ocasión absolver al coronel Alfonso Plazas Vega, perpetrador del holocausto criollo, el del Palacio de Justicia (1985), coautor de la desaparición de más de 90 personas; ha defendido, ahí sí, a los militares de todos los rangos responsables de los “falsos positivos” o crímenes de estado. Se ha enfrentado a las Cortes en defensa de políticos paramilitares y narcotraficantes como Mauricio Pimiento, Mario Uribe y otros héroes. Ordoñez desplegó toda su sapiencia jurídica para garantizarle un tercer periodo presidencial a su jefe Álvaro Uribe: el referendo reeleccionista estaba más que perfecto.

Este servidor público no ha hecho cosa distinta que deslegitimar aún más el poder obsoleto, terrorista y mafioso colombiano. Este inquisidor “moderno” es la prueba fehaciente de que la lucha de una organización revolucionaria como las FARC es una necesidad filosófica y política. No será Ordoñez, un simple politiquero reaccionario, en apariencia defensor de una legalidad pura en la que nunca ha creído y menos practicado, el que venga a calificar a las FARC. Nosotros llevamos 50 años de insurgentes, luchadores subversivos; nos alzamos en armas, en guerra contra un Estado violento que osó dirigir sus armas contra su propio pueblo, eso somos. Ordoñez despojado del poder de procurador será un pobre diablo. 

Las vacas sagradas

Esta no es una opinión sobre la cultura de la India, tampoco sobre esos animales de ojos inmensos y siempre tristes que producen ternura. No es una receta gastronómica, por lo demás inútil para la inmensa mayoría de colombianos que hace rato olvidaron qué es comer carne. Hablamos de esas bestias políticas que desde sus tronos en los grandes medios de comunicación, cuyos dueños son reconocidos grupos económicos, se lanzan en el desenfreno de lo que les parece la justicia, el orden, la democracia, la verdad, lo bonito, lo útil, lo de moda y un largo etcétera.

La profesión de periodista se acabó. Hay, en vez de estos, mercachifles y propagandistas del sistema, inquisidores como el señor de arriba (léase bien: página anterior) creyéndose poseedores de la verdad. No hay investigación, ni cultura, ni riesgo de abrirse a la realidad de otros. La guía es un bramido elemental: el que no está conmigo está contra mí y debe morir.

María Isabel Rueda es una vaca sagrada y que me perdonen las vacas. Hace unos días otro periodista con criterio propio y sin miedo se atrevió a cuestionarla por encubrir sus posiciones políticas de extrema derecha en la tan manoseada y abusada libertad de prensa. La vaca dispuso de su poder divino, derramó su ponzoña y destruyó al mortal periodista.

Otra de esa misma estirpe de vacas es María Elvira Arango, directora y conductora de un programa de televisión cuyo nombre la retrata: “Los informantes”. Haciendo uso de lo que ella cree es la “libertad de expresión” reedita entrevistas, descontextualiza, rompe y corrompe hasta material artístico. Ella, como el monstruo de la película El Laberinto del Fauno, capturó a una hada-periodista le arrancó la cabeza y se la comió.

Ambas por supuesto odian la paz. En un país civilizado, con leyes y normas que cumplir por todos, donde la diversidad de opiniones sea la riqueza y un estímulo para el intelecto: las vacas sagradas se extinguirían.