viernes, 2 de diciembre de 2011

La hermenéutica de la paz en Colombia (Parte II)

Señores feudales con trinos modernos


Comandante Cano, “la muerte no es verdad
cuando se ha cumplido bien la obra de la vida” José Martí

Por Carolina Trens

Es el único país del continente donde los amos han librado una guerra por mas de 60 años contra el pueblo y como respuesta desde 1964 la resistencia heroica de la guerrilla de las FARC y casi simultáneamente la del ELN, interpretando con la lucha armada la rebeldía y dignidad del pueblo colombiano.

El académico Marc Chernik en su libro “Acuerdo posible, solución negociada al conflicto armado colombiano” dice que “sólo EE.UU tiene la suficiente influencia para presionar a los militares y empujar a las élites políticas y económicas a apoyar una paz integral.” Tal aseveración nos lleva a la elemental y conocida (pero nunca aceptada) conclusión de que las élites políticas y económicas, usando a los militares y a los medios de comunicación, jamás han querido la paz para Colombia, son el obstáculo. Su naturaleza es la guerra y vamos a desentrañar el porque.

Trescientos años de colonización española, país abanderado de la reacción europea, dejaron profundas huellas de diferente signo en el 10% sobreviviente de nuestra sociedad. Por el lado de los sectores populares la resistencia indígena acompañada luego por revueltas permanentes de indios y negros que tiene su máxima expresión en la insurrección de los comuneros. La casta criolla reemplazaría en el poder a los verdugos colonizadores no solo en los aspectos económicos sino también en los políticos y culturales.

Mientras Europa entraba en la era moderna, España se congelaba en la pobreza y la decadencia; mientras propiciaba el desarrollo del capitalismo en la región con el oro amerindio ella misma permanecía en el feudalismo rancio. En Europa se formaban “sociedades”; en España se fortalecía la “corte”. De las fuentes de esa España bebieron nuestros próceres criollos quienes arrancaron todo brote revolucionario para mantener y poner a su servicio la inquisición y los dogmas teológicos. Camilo Torres y Jorge Tadeo Lozano como representantes de esa casta criolla persiguieron y traicionaron al revolucionario Antonio Nariño quien quería vincular la emancipación a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. El general Francisco de Paula Santander atentó en tres ocasiones contra la vida del libertador Simón Bolívar, cuya obra y pensamiento han atravesado los siglos. Asesinaron a Sucre el Gran Mariscal y la esperanza.

Miguel Antonio Caro, político e intelectual de la época de la redacción de la Constitución de 1886 decía: “vale mas el Evangelio que cuantos libros antes y después de él se han escrito; y que el Decálogo, que sólo consta de diez renglones, ha hecho mas bien a la humanidad que todos los ferrocarriles y telégrafos, y velas y vapores y máquinas (inventadas)”. Colombia inicio el siglo XX con una Constitución política feudal, que correspondía al desarrollo económico y cultural del país y con ella se quedó por los siguientes 100 años. Chile entró al desarrollo capitalista con el salitre y el cobre, Venezuela con el petróleo, Bolivia con el estaño y pudieron acumular divisas para modernizarse e integrarse a la economía mundial, Colombia lo hacia con el café ligado a las relaciones de producción feudales lideradas por terratenientes.  

Colombia para mediados del siglo XX había acumulado todas las contradicciones posibles en el orden económico, político y cultural, en el orden social y de poder, en la necesidad imperiosa de desarrollarse e insertarse en el mundo. Pero las elites desde el estado sistemáticamente  frustraron la posibilidad de romper con los viejos esquemas coloniales, tanto en la producción como en la discriminación a sus indios y a sus negros, avergonzándose de nuestra complejidad racial, de nuestra geografía y naturaleza; hicieron del país un nido de exclusiones y de guerras donde unos cuantos señores feudales con apariencia de burgueses y oligarcas, con odio profundo por el país, por la gente -sus súbditos- por pobres, bárbaros y de mal gusto,  solo saquean su riqueza.

Las elites en Colombia incapaces de construir el capitalismo, construyeron sí un inigualable aparato represivo: las FF.AA., de policía, de seguridad del estado[1]. Y otro que lo sostiene y alimenta: el de los medios de comunicación. No hay otra forma de mantener un régimen irresponsable y antipopular, se hace absolutamente necesaria la fuerza y la desinformación   para mantener a cualquier precio un orden que les permita seguir en el poder sepultando a sangre y fuego de un modo oficial el derecho popular a expresarse políticamente. Mientras se hablaba de democracia se prohibía por ley constitucional la existencia de partidos políticos distintos de los oficiales.

Cuando en Latinoamérica se abrieron paso las dictaduras militares con el auspicio de los EE.UU, los señores feudo-burgueses colombianos ya tenían toda la experiencia: mas de 300.000 muertos, mas de 2 millones de desplazados. En Colombia se acentuó a la fuerza la sociedad de "gente bien", "gente de buena familia", señorial, racista, excluyente, mezquina y atrasada, aun hoy es común oír en los medios de comunicación (esos que usan internet, Black Berry, twiter, i.pad, etc.): ¿Y ese de cuales Rodríguez será? Ó la emoción que les produce que una colombiana se emparente con un Duque, o que los Santo Domingo asistan a una fiesta en la casa Blanca así tengan que comprar la entrada. La única condición digna de admiración y de respeto es la riqueza. Los mensajes de carros, perfumes, cigarrillos, ropa y tarjetas de crédito exhiben esa refinada vulgaridad como la condición necesaria de todo éxito y de toda felicidad.

El fracaso del desarrollo capitalista hizo que la bonanza cafetera fuera sustituida en los años setenta por la de la coca;   surge una nueva élite económica de traquetos y mafiosos que rápidamente entran en alianzas con terratenientes y latifundistas, con las Fuerzas Armadas y los ejércitos paramilitares; luego, sin demora ni resistencia, con el Estado mismo en todos sus niveles el ejecutivo, el legislativo, la justicia. La sociedad permeada, infiltrada, tomada por el único negocio altamente rentable que fue capaz de montar esta oligarquía feudal. Llegó a proporcionar mas de un millón de empleos, mas de 3,5 mil millones de dólares -8% del PIB- mas del 60% de las exportaciones y estas cifras no son mas altas porque según Francisco Thoumi “la lavandería es demasiado pequeña”. 

En estas condiciones la Colombia feudal quiso a través de la Constitución de 1991 saltar a la apertura económica del neoliberalismo. El país entró al mundo globalizado con la coca, se comercializa y se lavan sus ganancias en los mismos bancos internacionales, a través de las mismas instituciones comerciales, en complicidad con los mismos estados que sin pudor se benefician en grande. Mientras que la agricultura[2], la industria y el sector exportador están quebrados[3], el sector financiero sigue acumulando importantes ganancias.
Según la revista Forbes hoy, Luis Carlos Sarmiento Angulo del sector financiero, ocupó el puesto 75 del ranking de los más ricos del mundo, pasando de una fortuna de US$5.600 millones de dólares a mucho mas de US$10.500 millones de dólares. Una ganancia promedio mensual de US$408,3 millones de dólares; diaria de US$13,6 millones de dólares, y hora US$1,3 millones de dólares; si los transformamos a pesos nos dará una cifra de $2.666 millones de pesos hora, contando 10 horas de lunes a domingo. Dividiendo la hora en sus 60 segundos, nos daría una ganancia por segundo de $44.000.000 de pesos.
Julio Mario Santo Domingo, ubicado en el puesto 108 del ranking, pasando de una riqueza de US$6.000 millones de dólares a un monto de US$8.400 millones de dólares. Dueño de Caracol Televisión, El Espectador, Cromos, Cine Colombia, entre otros negocios gana menos el pobre unos $40.000.000 de pesos por segundo. Es criminal, mientras Colombia figura entre los 10 países más desiguales del mundo.
¿Porque estos señores querrían cambiar la guerra por la paz? ¿El feudalismo por el capitalismo? ¿El atraso por  el desarrollo? Construir autovías, puentes, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, fábricas, universidades, colegios, volver a llenar los campos con arroz, maíz, algodón, café, fríjol, lenteja, desarrollar granjas, producir leche, quesos, jamones, vinos, estimular artistas, producir ciencia y tecnología, proteger a los niños y a los viejos, darle oportunidades a los jóvenes, trabajo a todo el mundo: ¡Que pereza! Eso vale mucho para ellos, ¡si la coca da ganancias sin par y como en cajero automático! Cuales cambios, si además el país es funcional a los intereses de EE.UU, a su política imperial.




[1] Hoy Colombia ostenta el mayor gasto militar reconocido de forma oficial de América Latina, que alcanza entre el 4y el 6 por ciento del PIB, duplicando en porcentaje al de Brasil y casi tres veces mayor que el de Venezuela, El ejército de Colombia cuenta con 230 mil integrantes, la misma cantidad que el de Brasil, que tiene una superficie siete veces mayor y cuatro veces más población.
[2] Los campesinos fueron despojados de 6 millones de hectáreas donde se producía la comida para el consumo interno y hay 3 millones de desplazados.
[3] El 92% del territorio colombiano está en proceso de reparto a empresas multinacionales mineras

jueves, 29 de septiembre de 2011

La hermenéutica de la paz en Colombia (Parte I)


A Shirley Briceño, homenaje a su sacrificio

Por Carolina Trens

Admirable el coraje del politólogo, investigador y académico estadounidense Marc Chernick al publicar un libro de altos quilates como lo es el texto “Acuerdo posible, solución negociada al conflicto armado colombiano”, en cuya portada esta el óleo del pintor Fernando Botero Manuel Marulanda “Tiro fijo”. Porque, como dice él mismo, al recorrer esos caminos se “pueden desencadenar enormes avalanchas”; sin embargo esperamos que todo este esfuerzo solo nos lleve a las hermosas cumbres.

Para comenzar, le debemos al Doctor Chernick una explicación por piratear su obra: consideramos que este libro debe ser leído por el mayor número de colombianos y estadounidenses, en primer lugar, y luego por todo el mundo que tenga que ver con la guerra en Colombia. Comprarlo para más del 60% de pobres colombianos es imposible, circularlo gratis por el ciber espacio cumpliría con uno de los objetivos del trabajo y es que entre la mayor cantidad de gente posible encontremos valiosos elementos para allanar los caminos de paz en nuestro país. 

Vamos a señalar los aspectos más relevantes, a nuestro modo de ver, del libro “Acuerdo posible”. La idea señalada en varias oportunidades de que “no es posible una solución militar a este conflicto. De otro lado, sí es posible una solución política; su contorno ha sido visible por muchos años.” (por ejemplo, pagina 53). Extraordinaria la opinión del profesor Marc sobre las exigencias de las FARC en años de negociación; contrasta la generosidad y realismo de la guerrilla con la mezquindad y oportunismo del régimen colombiano: “Lo que es sorprendente –sobre todo para un observador externo- es cuán sistemáticamente moderadas fueron durante veinte años, las posiciones de los negociadores. A pesar de las estrechas relaciones de las FARC con el Partido Comunista Colombiano desde su fundación, en 1964, en ningún momento las FARC pidieron negociar sobre la base de una transición hacia un régimen o hacia una economía socialista.” (Pagina 29)

Acertadamente el autor considera que los orígenes de la guerra en Colombia fueron: (una) “confluencia de factores estructurales, institucionales y sociales que exacerbaron las hostilidades sociales existentes, las acentuadas desigualdades y el desangre por encima del diálogo o la reforma.” Resumidos en temas tales como “la concentración de la tierra”, “la total ausencia o, en algunas zonas, el “colapso parcial” del estado”, “la expulsión masiva de campesinos de sus tierras” (Pagina 62), los desplazados, que para la fecha ya superan los 5 millones. Con respecto a la visión sobre la confrontación armada dice: “Si parece una guerra, si apesta a guerra, si se conduce como una guerra –y más de 1000 combatientes son muertos en circunstancias de guerra-, entonces es una guerra”. (Pagina 39)

El concepto bastante objetivo del autor sobre la insurgencia, a pesar de ideas y aseveraciones que obviamente no compartimos: “Son fundamentalmente organizaciones políticas…. Los movimientos guerrilleros todavía continúan educando a sus combatientes y partidarios en torno a los temas de injusticia y opresión y tratan de organizar la vida política y social de las comunidades donde mantienen influencia”. “Actúan principalmente para conquistar el poder – a menudo, el poder local-, no la riqueza.” (Pagina 69) Y mas adelante: “Las FARC deben verse a través del lente de las decisiones estratégicas, militares y políticas.” (Pagina 213)

La visión particular de Chernick sobre el paramilitarismo, de donde dice provino la principal violencia política: “había tres subgrupos de paramilitares, aunque en su clasificación no son excluyentes entre sí: los fundados directamente por las fuerzas armadas; los organizados por funcionarios locales, intereses comerciales y económicos, gamonales y grandes terratenientes de la respectiva localidad; y los creados por narcotraficantes que invirtieron las ganancias obtenidas de la droga en la adquisición de tierras.” (Pagina 167) La forma como a sangre y fuego el sector feudal se ha mantenido en el poder: “dieron nueva vida a las rancias élites rurales que habían sido derrotadas por la historia en prácticamente el resto de naciones latinoamericanas en el transcurso del siglo XX. Al mismo tiempo, integraron la más nueva narco-élite en esas anticuadas y concentradas estructuras del poder local.”(Pagina 170)

El libro del Doctor Chernick tiene tres ejes centrales que son examinados en profundidad, con seriedad y objetividad: el fenómeno del narcotráfico, EE.UU y por último, una agenda de negociación, la agenda Chernick.

De entrada, en la pagina 52 fulmina con esta frase: “El conflicto colombiano no es fundamentalmente sobre el tráfico de drogas; una eventual eliminación de esta actividad ilegal no culminaría de forma directa con el conflicto”. Un gringo malo embajador de los EE.UU acuño la frase “narcoguerrilla”, qué bueno que otro estadounidense se encargue de desmentir esa falacia que tanto daño le ha causado a Colombia.  La guerra contra los cultivos y el tráfico de drogas también ha servido para encubrir la violencia para estatal contra la oposición política y dice el autor: “El narcotráfico puede haber aumentado y acelerado la violencia pero no la ha causado.” (Pagina 81) Y agrega mas adelante: “El narcotráfico corrompió al estado y socavó la eficacia de instituciones fundamentales relacionadas con la justicia y el orden social. … el narcotráfico contribuyó a crear un nuevo actor armado que se oponía a la expansión guerrillera: los grupos de “autodefensas”. (Pagina 123)  En este punto diferimos con el autor en cuanto a que en un comienzo fue el Estado el corruptor, en tanto cedió poder a las mafias para que, en alianza con los paras aniquilaran a la oposición política.

Y esta última perla: “… hay una relación entre el auge del tráfico de drogas en la región andina y el fracaso de las políticas de desarrollo nacional. La propagación de los cultivos ilegales no surgió en un vacío político o económico ni la rápida expansión fue impulsada sólo por la demanda internacional.” (Pagina 189)   En síntesis la idea que compartimos plenamente es que el narcotráfico es un fenómeno del subdesarrollo, de la enorme incapacidad de las elites colombianas por su ancestral atraso para construir capitalismo puro. 

En el libro de Marc Chernick se hace alusión permanente al tema de Estados Unidos: todo tiene que ver con la potencia; la economía, la política, la guerra, la paz, las drogas, las mafias, los paramilitares, las relaciones internacionales, la geopolítica, la historia, el presente y el futuro.   Y dice: “Colombia vino a ser el eje de una nueva estrategia contrainsurgente dentro del marco de la Guerra Fría que fue desplegada contra las guerrillas liberales recalcitrantes y sus aliados comunistas en los primeros años del Frente Nacional, lo cual culminó con campañas de bombardeos aéreos contra las “repúblicas independientes” comunistas en 1964 y 1965. En este contexto, las negociaciones fueron excluidas. La estrategia transformó, asimismo, grupos de campesinos armados provenientes de la guerrilla liberal y comunista del período de la Violencia en la guerrilla de las FARC.”(Pagina 123)

Colombia ha sido el laboratorio por excelencia de EE.UU: aquí se experimentaron la guerra contrainsurgente y la Doctrina de Seguridad Nacional, la guerra contra las drogas, el Plan Colombia, la guerra anticomunista y la guerra antiterrorista; ha sido el Caín de América por cuenta del cipayismo de sus gobernantes. “Estados Unidos tampoco aplicó nunca su concepto de búsqueda de la paz (peacemaking) en Colombia” (Pagina 28) se lee en el libro y por el contrario: “Colombia ya sobresalía como el tercer receptor en el mundo de la ayuda estadounidense para seguridad”… es decir para la guerra. (Pagina 124)

Interpretando la indiscutible necesidad de paz para Colombia y con la esperanza de un cambio en la política de injerencia de su país con respecto a la guerra en el nuestro, el profesor Chernick dice: “sólo EE.UU tiene la suficiente influencia para presionar a los militares y empujar a las élites políticas y económicas a apoyar una paz integral.”(Pagina150)

Por último queremos destacar la Agenda Chernick para una posible negociación en Colombia, con la premisa de que las “Reformas y (el) poder político es la esencia de la negociación”, de que debe conformarse una Comisión de la Verdad con instituciones nacionales e internacionales que no sean juez y parte del conflicto, señalando que el “rol clave que deben desempeñar los grupos organizados de la sociedad civil consiste en ejercer constante presión en favor de la paz y en demandarla sin tregua, mediante paros laborales, paros cívicos, referendos, publicaciones en los medios de comunicación, manifestaciones artísticas, seminarios universitarios y foros populares.” (Pagina 110)
  
Agenda Chernick (Pagina 104):
-Cuestiones agrarias, reforma agraria, desarrollo rural y cultivos ilícitos
-Fuerzas armadas y organizaciones paramilitares
-derechos humanos y DIH
-condiciones de gobierno y poder locales
-condiciones de gobierno y poder nacionales

lunes, 5 de septiembre de 2011

Colombia: la democracia de los hornos crematorios y las motosierras.

               De cómo Uribe se tomó el poder con la triada FF.AA., mafia y paramilitarismo.

Por Carolina Trens

Dicen unos pocos irresponsables e ignorantes, otros los menos, que viven del oportunismo y del diversionismo ideológico desviando la atención de acontecimientos históricos que han decidido el destino de Colombia, que la insurgencia revolucionaria es la responsable del acceso de Alvaro Uribe y su banda al poder. Retroceder en el tiempo y estudiar con juicio nuestra historia nos ayudará a ver claramente nuestro presente y las posibilidades futuras.
Contrario a lo que se difunde por los medios de propaganda de la reacción sobre lo que llaman “la degradación del conflicto”, los años mas violentos de la guerra en Colombia fueron los de la década de los 40, mas exactamente 1946-1950, siendo este último el año mas sangriento con un número superior a las 50.000 personas asesinadas, de las maneras más bárbaras  y solamente superadas por los crímenes del paramilitarismo de años recientes. Fue bajo la presidencia de minorías conservadoras que habían decidido la eliminación física de sus adversarios liberales para mantenerse en el poder. Valga la aclaración: ¡a las FARC les faltaban 14 años para su nacimiento!
El Frente Nacional, que reconcilió a las élites burguesas y excluyó a las mayorías colombianas de un verdadero pacto por la paz y los gobiernos que lo sucedieron hasta 1991,  debieron acudir a la aplicación de Estado de Sitio durante el 80% de ese tiempo. Estados de excepción o estados de guerra que se expresaron en la agresión por parte del Estado en alianza con los Estados Unidos contra las regiones campesinas de Marquetalia, El Pato y Guayabero inicialmente; en la criminalización de la protesta social, de los paros laborales y cívicos, de las tomas de tierras urbanas y rurales.
El poder y la autoridad plenas depositadas en las Fuerzas Armadas que arrestaban y condenaban, torturaban, asesinaban y desplazaban gente a discreción. No olvidemos los tribunales militares y los consejos de guerra, es decir, la justicia bajo la bota militar. Responsables del orden interno y de la máxima de prevenir a sangre y fuego cualquier asomo que atentara contra el “mundo libre”, entendido como libre mercado y libre expoliación de los recursos naturales.
Digámoslo en palabras del Magistrado y Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Colombia Alfonso Reyes Echandía[1], asesinado por el ejército nacional: "Aunque en Latinoamérica constitucional y políticamente el ejército tiene como misión defender la independencia y soberanía nacionales, a partir del triunfo de la Revolución Cubana comenzó a abrirse paso la tesis -obviamente orientada por el gobierno norteamericano- de que el enemigo de la soberanía nacional ya no provenía del `exterior´, sino que estaba arraigado en el interior del Estado". Se refería, sobra la aclaración, a la doctrina contrainsurgente de la Seguridad Nacional, sobre la cual afirma:
“La teoría de la seguridad nacional es un mecanismo político – militar auspiciado por los Estados Unidos de Norteamérica para el mantenimiento de gobiernos “fuertes” en los países de América Latina, con el fin de evitar la consolidación de sistemas democráticos reales”.
A lo que agrega: “Uno de los instrumentos utilizados por los gobiernos latinoamericanos para lograr tal objetivo es el de la declaración de estados de sitio o de emergencia nacional, que suelen prolongarse mas allá de los estrechos limites para los que fueron instituidos normativamente”.
Complementa estas precisiones el concepto de Emiro Sandoval Huertas, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia igualmente asesinado : "Aunque ésta (la doctrina de seguridad nacional) elude asumir alcances precisos, sus presupuestos básicos son:
a) división del mundo en dos bloques irreconciliables; (comunismo – capitalismo)[2]
b) presencia de un `enemigo interno´; (todo aquel que cuestione el statu quo)[3]
c) existencia y necesidad, por consiguiente, de una `guerra total´ para combatir al `enemigo externo´ e `interno´ y
d) amplitud ilimitada del concepto de `enemigo´ empleado en los anteriores presupuestos".

Por cuenta de la Seguridad Nacional (SN), esa si externa, el colombiano que exigiera un mejor salario, una vivienda digna, mejores servicios de salud o educación, el colombiano defensor de derechos humanos o sindicalista, maestro o campesino, obrero o intelectual, joven, niño, mujer, hombre o viejo se convirtió en un potencial terrorista a quien se debía someter con la ley, con el terror o con la combinación de ambos. La SN es una política del Estado colombiano cuyo instrumento central son las FF.AA.  convertidas en una fuerza de ocupación de su propio país y quienes a su vez crearon como extensión y apoyo en la guerra sucia a los grupos paramilitares, inicialmente llamados “pájaros” en los años 40.

El Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de 2001 dice: “El Estado colombiano tiene una innegable responsabilidad en el origen y desarrollo del paramilitarismo, que estuvo aprobado legalmente entre 1965 y 1989.” Y añade: “… sobre las fuerzas armadas recae una particular responsabilidad, porque durante el largo período en que los grupos de autodefensa fueron legales, ellas se encargaron de promover, seleccionar, organizar el entrenamiento, armar y proporcionar apoyo logístico a esos grupos dentro del marco general de apoyo a las fuerzas armadas en su lucha contra la insurgencia”. Después de que fueron declarados “ilegales” crecieron exponencialmente.

La enorme incapacidad de la burguesía colombiana para desarrollar el país, sumada a su ilimitada voracidad, nos abocó a otra no menor desgracia: el narcotráfico. El Estado colombiano y el sector financiero del país han sido los principales carteles de la industria del narcotráfico y sus beneficiarios principales. El presidente Alfonso López abrió la ventanilla siniestra del Banco de la República por donde empezaron a ingresar los millones producto del negocio de las drogas.  Las Fuerzas Armadas y las elites políticas no demoraron en ubicar un aliado estratégico en la lucha contrainsurgente en ese nuevo sector económico que se adueñó de tierras y más delante de la industria. A ese aliado narcotraficante se le entregaron funciones represivas de estado, sus ejércitos privados desaparecían, torturaban, asesinaban a colombianos inermes conformando la triada fúnebre: FF.AA., paramilitares, mafia.

Para los años 80 los paramilitares y la mafia ya fungían como poderes políticos, económicos y sociales independientes que definían la suerte de personas y bienes en las regiones del país; por otro lado, las FF.AA ya contaban con ese poder. Pero eso no era suficiente – querían todo el poder – el poder nacional. Lo que quedaba de democracia burguesa cedió el paso a la democracia de los hornos crematorios y las motosierras. El ascenso al poder total fue posible gracias, entre otros, a dos execrables hechos cometidos por la misma triada y que marcaron el rumbo del país para las siguientes décadas. Estos hechos fueron el genocidio de la Unión Patriótica (UP) y el Holocausto del Palacio de Justicia, delitos de Lesa Humanidad.

La UP, partido político de izquierda, surgido de las negociaciones de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno nacional, en un plazo muy corto se convirtió en una amenaza para el nuevo (triada) y el viejo poder. La UP fue la posibilidad de un tratado verdadero de paz, del advenimiento de la democracia, de la lucha por cambios económicos y sociales profundos como la tan anhelada Reforma Agraria. En muy pocos años esta opción para Colombia fue ahogada en sangre[4]; claro que para el general Rafael Samudio, ministro de Defensa “a ese ritmo no (iban) a acabar nunca”.  

La Corte Suprema de Justicia de la época, con el Doctor Alfonso Reyes Echandía a la cabeza, tenía claro el panorama de las fuerzas políticas en el país. Además de las opiniones citadas sobre Seguridad Nacional, FF.AA. e imposiciones gringas, los magistrados habían estudiado los fenómenos paramilitar y mafioso. Tenían adelantados procesos judiciales contra altos jerarcas militares y políticos, que de haber seguido su curso hubieran cambiado el rumbo del país, pero sus sentencias eran tenidas como una conspiración contra el nuevo orden (Triada). No hay dictadura fascista en la historia que haya tomado la decisión del aniquilamiento físico de una de las ramas del poder burgués: solo ha ocurrido en Colombia con el Holocausto del Palacio de Justicia. La Triada mató a la oposición política y a la justicia burguesa, el camino al poder total estaba despejado.

El despeje para la llegada de Álvaro Uribe a la presidencia representando a la Triada y a otros sectores oligárquicos e imperiales. Uribe el numero 82 en la lista de la Defense Intelligence Agency, compartida entre otros con Pablo Escobar, creador de las paramilitares Convivir, llegó al poder para aniquilar a las FARC con el Plan Colombia y a legalizar a las AUC con la mal llamada Ley de Justicia y paz. Afortunadamente la insurgencia de las FARC derrotó el plan de exterminio, Plan Patriota y en ese contexto el uribismo no logró patentar su narcoparaestado, aunque si  dejo al país en cuidados intensivos.






[1] Legislación y Seguridad Nacional en América Latina, Alfonso Reyes Echandía
[2] Nota de la autora
[3] Idem
[4] Genocidio de la UP, planes nacionales del Estado: Operación Condor (1985), Plan baile Rojo (1986), Golpe de gracia (1992. Planes regionales: Esmeralda (1988), Retorno (1993)  

miércoles, 27 de julio de 2011

Sobre la carta de Medófilo Medina al Comandante en Jefe de las FARC

La misiva del importante académico al camarada Alfonso Cano es abierta a todos los lectores y en ella, además, se invita a un intercambio “donde puedan participar quienes quieran hacerlo y crean que la palabra razonable mantiene su fuero aún bajo las circunstancias más adversas”. Y ahí de inmediato está el primer problema de fondo.
Será que Razón Pública, haciendo honor a su nombre, publica este articulo? Será que El Tiempo, o El Espectador, o tal vez Semana lo hagan? Será que cuando el Comandante Cano responda la carta del profesor Medina se la publican íntegra? Cómo,  si no publican ni los comunicados! O será que capturan al correo que la lleva a Bogotá y lo desaparecen? Sería simplemente democrático que la palabra, razonable o no, mantuviera un espacio por sobre los tiros; pero en Colombia no es así y eso es parte sustancial de la guerra.
Veamos el contexto para explicar el punto de vista de Medófilo Medina sobre la historia de nuestro país. Su concepción política e histórica viene del derrumbe del socialismo en la URSS: huérfanos y decepcionados por la tragedia que significó, muchos lideres, académicos, militantes de izquierda socialista y comunista derivaron hacia ideologías similares pero muy criticas de la Unión Soviética como el Partido Comunista Francés y en general la izquierda de ese país que para ese momento y a su vez habían abandonado las justas criticas al estalinismo.
Apenas derrotado el nazismo alemán se inicio la guerra secreta contra el comunismo en Francia, Italia, Bélgica, etc. Los comunistas franceses se convirtieron en el partido más fuerte de Europa, con un millón de militantes y con 30% del electorado; es decir, eran opción real de poder y por eso se convirtieron en blanco de operaciones especiales de la inteligencia norteamericana.
Un documento del Estado Mayor Conjunto estadounidense del 14 de mayo de 1952 explicaba cómo realizar “operaciones políticas, paramilitares y sicológicas” para impedir la llegada del comunismo al poder en Francia. Desafortunadamente esa guerra la perdió la izquierda europea: la derecha internacional destrozó a la CGT y al PCF.
De esa izquierda derrotada surgieron académicos como Alain Touraine y Daniel Pécaut, analistas de los procesos sociales y sus tesis se encaminaron hacia un nuevo colaboracionismo. Ellos elaboraron la tesis de que la lucha armada desvirtúa a los movimientos sociales y, en particular sobre Colombia han sostenido que no es el Estado el que cierra canales de participación sino es la acción de los movimientos guerrilleros y peor, es la insurgencia la que provoca reacciones violentas por parte del poder.
Por el tamiz de estas concepciones pasan las opiniones del profesor Medina. Y cabe preguntar: El gran liberal Jorge Eliecer Gaitán ¿.también se sumó a la “combinación de las formas de lucha? ¿Por qué lo asesinaron? No fue acaso la reacción recalcitrante conservadora la que adoptó la eliminación física del adversario como una forma de acceder al poder?  ¿No fue esa una “combinación de formas de lucha”? ¿Por que asesinaron 40 años después a otro eminente jefe liberal, Luis Carlos Galán? ¿Y por esa misma época a Carlos Pizarro desmovilizado y arrepentido? ¿Porque mataron a Bernardo Jaramillo si ya hacia parte de otro proyecto de izquierda distinto al comunista o al de la Unión Patriótica? ¿Porque persiguen y matan a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó? y ¿a los que reclaman por sus tierras y sus bienes, y a los que exigen por sus derechos y hasta a los que demandan por el medio ambiente?
No señor historiador Medina, aquí durante toda nuestra terrible historia, y en Francia, y en la Libia de este momento, la violencia y la guerra la imponen los repartos imperiales del mundo, los oligarcas y burgueses cuya ambición no tiene límites ni éticos, ni morales.
Pero digamos, y en aras de la discusión, que usted tiene razón y que la lucha armada fue una “decisión”, ¿explíquenos como es que una decisión tan equivocada y que ha producido tantas victimas hoy en día sigue siendo una opción de poder? ¿Por que la guerrilla de las FARC sigue extendiéndose como un fantasma que recorre Colombia?
Marc Chernick, académico norteamericano y asesor del departamento de Estado de Estados Unidos, en su libro “Acuerdo posible” refiriéndose a “los problemas medulares la agenda” de negociación: “Condiciones de gobierno y poder locales” y “Condiciones de gobierno y poder nacionales” (página 104). El criterio de la verdad es la realidad y esa es la coyuntura histórica en la que vivimos.
En Cuba y Nicaragua triunfa la lucha armada, en cambió fracasaron los intentos en otros países de América Latina como Bolivia, donde si hubo una decisión política pero infortunadamente en ese país no existían las condiciones objetivas para la insurgencia armada.
Entonces para qué sirvieron la lucha heroica y el sacrificio del Che, a propósito de su pregunta de “¿Cuáles son los beneficios que esta lucha abnegada de tres generaciones de hombres y mujeres guerrilleros le han traído a Colombia?” Le respondo Doctor Medina: hemos venido construyendo con el ejemplo del Che un proyecto de Patria radicalmente distinto al que usted nos invita generosamente a sumarnos. Una Colombia que esté al servicio de la mayoría de sus ciudadanos, al servicio del pueblo y no al servicio de unos pocos ricos corruptos y criminales, un país soberano e independiente.
Usted como académico sabe muy bien de que hablamos cuando decimos que estamos construyendo un poder distinto, estamos cimentando una conciencia revolucionaria, democrática, altruista, una moral y una ética humanista, es estimular cualquier tipo de lucha por que solo a través de esta conseguiremos la libertad. La insurgencia es el referente de dignidad y autoestima sociales sobre cuya base se construye un verdadero proyecto de nación. Y como si esto fuera poco hemos sido el muro de contención a la intervención militar gringa e israelí a través de nuestro territorio contra los países vecinos.
Pero si quiere ejemplos menos trascendentes, pero mas concretos y prácticos lo invito a investigar cuántos cientos de kilómetros hemos construido de carreteras, de puentes, de plantas eléctricas (muchos miles conocieron la electricidad, los computadores y hasta los inodoros con la guerrilla, del Estado solo conocían el terror) a costos casi nulos, sin corrupción y sin que nadie se haya enriquecido. Cuantos libros y cartillas hemos editado, cuantas revistas, cuantas páginas Web sostenemos, cuantas escuelas y universidades, cuantos miles de enfermeros hemos graduado. Cuantas hectáreas hemos sembrado y cuántas nos han bombardeado, cuántas cosechas, cuántas gallinas, patos, pavos, cuántos cerdos, reses, caballos, mulas, cuántos especialistas en herrería y arriería tenemos, cuantos talabarteros, cuántos ambientalistas, topógrafos, arqueólogos y mineros, cuántas emisoras, talleres de cine y video, fábricas de uniformes y vestidos, cuántos abogados y jueces, líderes políticos, escritores, poetas, cantores. Sí, nos queda tiempo de cantar en medio de la guerra.
El genocidio de la UP, de compañeros del Frente Popular y de A Luchar no fue obra de la “mano negra” ó de “una alianza conformada por sectores de las Fuerzas Armadas, mafias del narcotráfico, gamonales políticos y paramilitares”, tal afirmación es una falsificación de la historia, fue una política de exterminio del Estado colombiano: así se explica la cifra del Departamento Nacional de Planeación (1997) de 97,5% de impunidad para los crímenes políticos.
Sea esta la ocasión de recordar a los mártires de la Unión Patriótica y a todos los luchadores populares cuya memoria honraremos cuando, por fin, llevemos a término las ideas por las que fueron sacrificados, tan vigentes hoy como en los tiempos de su gloriosa defensa.
Carolina Trens

Relaciones peligrosas – errores estratégicos

De los  pactos Hitler – Stalin y Santos – Chávez

¿Donde esta mi hermano Julián Conrado?

Debemos ser capaces, entre revolucionarios, de decirnos las verdades más crudas, más dolorosas siempre y cuando medie la defensa irrestricta de los principios éticos y morales, la defensa de  tácticas y estrategias en función de la construcción de la patria grande y el socialismo.
Estas líneas se escriben con el respeto y admiración más grandes hacia el pueblo ruso y  la primera revolución socialista de la historia, hacia el pueblo de Venezuela, hermanado con nosotros por la sangre de la gesta libertaria y la espada de Simón Bolívar, pueblo que convertirá  a la “revolución bonita” en una revolución bolivariana y socialista.
Dos años antes de iniciarse el ataque de la Alemania nazi a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y avanzada la Segunda Guerra Mundial, el 23 de agosto de 1939,  se firmó en Moscú un polémico, por decir lo menos, Tratado de No Agresión entre el Tercer Reich y la URSS. Se pactó la no agresión mutua y la solución dialogada de cada problema entre los dos países; también pactaron estrechar vínculos económicos y comerciales.  El tratado contempló unos acuerdos secretos por obvias razones, según los cuales el Tercer Reich y la Unión Soviética se repartían Europa del este y central: por ejemplo, Polonia quedaría como zona de influencia que se repartirían entre ambos estados, mientras que la Unión Soviética de Stalin se quedaba con Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia como zonas de interés soviético.  Se comprometieron a no participar en alianza alguna formada en contra de los estados firmantes, la URRS y Alemania.
Luego de tan macabro acuerdo el camarada Stalin no tuvo límite moral, ni ético, ni geográfico:  invadió junto con la Alemania hitleriana a Polonia. Y mandó tropas soviéticas a invadir a Finlandia y también se anexionó territorios de Rumania. Nuestro camarada Stalin, en defensa del socialismo y de la revolución, en defensa de los “intereses de estado” derramó sangre del pueblo polaco, del pueblo finlandés, de varios pueblos del Báltico y sangre rumana.
Por qué Stalin creyó más en el enemigo de clase, el imperialismo alemán, que en la resistencia de los pueblos? Por que no preparó la defensa de la URSS, si tenía la información de los mejores agentes de inteligencia como Richard Sorge? Dónde estaba la dirección del partido comunista, la dirección del Ejército Rojo? Unos, muertos por “fuego amigo”, otros encarcelados hasta por leve sospecha de no sumisión a Stalin.
La peste parda llegó a 30 kilómetros de Moscú en cuestión de tres meses, dejando una estela de muerte y destrucción jamás vista. También quedó como herencia para la humanidad la resistencia heroica de cientos de miles de soviéticos que defendían cada centímetro de su patria con estoicismo y sacrificio total, como solo los patriotas saben defender sus intereses. Sobre el pueblo soviético recayó la responsabilidad de derrotar al fascismo y lo hicieron llegando en 1945 a Berlín. En esa guerra, en la que  su jefe máximo no acertó en sus alianzas político militares el pueblo soviético perdió a mas de 20 millones de sus mejores ciudadanos.
No terminó ahí la cadena de inconsecuencias: se suscribieron los acuerdos de Yalta y Potsdam, se dividió el mundo en dos grandes esferas de influencia y apareció el mundo bipolar. La URSS quedó atada y atrapada hasta el fin a esa política y estuvo al margen de todo proceso revolucionario y progresista en el mundo, encerrados en si mismos, defendiendo nuevamente “intereses de Estado”.
 Se truncó la revolución griega entre otras, gracias a la “prudencia” stalinista y a las recomendaciones de pactar con los anticomunistas y abandonar la lucha armada. La política de no darle pretextos a occidente para una agresión dejó a la URSS al margen y aislada de la revolución China, de la Revolución Cubana en 1959, de la guerra de liberación de Vietnam, de la guerra de liberación de Angola, del desplome del sistema colonial en Asia y África, del nacimiento y auge del Movimiento de Países no Alineados, del crecimiento de los movimientos de liberación en América Latina con lucha armada y sin ella, de la revolución Sandinista, de los movimientos militares progresistas en países de América Latina, solo para poner algunos ejemplos.
Traemos a cuento toda esta historia porque se parece mucho a la coyuntura actual en América Latina. Tenemos un imperialismo, el de EE.UU, que hiede a fascismo hitleriano; su agente, el presidente de Colombia Juan Manuel Santos a quien sus elegantísimos trajes no logran tapar su esencia narcoparamilitar y a su “nuevo mejor amigo” el presidente bolivariano Hugo Chávez. Hay pactos cuyos contenidos desconocemos, pero que ya han cobrado sus primeras víctimas: la lucha y resistencia heroica del pueblo hondureño bajo un oscuro acuerdo entre el golpista Lobo, Santos y Chávez; la estratégica Unasur, en manos de Colombia; periodistas señalados, encarcelados, extraditados, despedidos de sus trabajos; combatientes revolucionarios de ETA, ELN y FARC entregados a sus esbirros. Otra victima es la unidad revolucionaria, la confianza rota, las ilusiones quebrantadas.

El presidente Chávez cede mientras Santos mantiene las bases militares norteamericanas y por orden del imperio organiza el eje de integración del Pacífico para contraponerlo al Mercosur y al Alba. Santos, el invasor a territorio ecuatoriano, apoya y legitima las invasiones a Libia, Irak y Afganistán. En Colombia ha continuado las políticas de guerra  y terror de su antecesor, eso si con guantes blancos de seda de la “casa Santos”. La proclamada Ley de tierras es la legitimación del despojo de más de cinco millones de desplazados; la Ley de victimas, la burla frente al drama de los derechos humanos incinerados en hornos crematorios  y destrozados con motosierras.

El enemigo no cejará en sus intentos por derrotar a la izquierda en América Latina: lo intentó con golpes de estado en Venezuela, en Bolivia, en Honduras y en Ecuador y lo seguirá haciendo con o sin pretextos. Es su esencia, es su necesidad, es su naturaleza.
Como decía Lenin:El imperialismo es el capitalismo llegado a un estadio de desarrollo en el que se ha afirmado la dominación de los monopolios y del capital financiero, en el que el reparto del mundo ha comenzado entre los “trusts” internacionales, y en el que se ha terminado el reparto de todo el territorio del globo entre los mayores países capitalistas”… y…”La guerra imperialista no deja de ser imperialista cuando los charlatanes o los fraseólogos, o los filisteos pequeño-burgueses lanzan una “consigna” meliflua, sino solamente cuando la clase que lleva adelante esta guerra y que está ligada a ella por millones de hilos (si no son cables) económicos, es de hecho derrocada y reemplazada en el poder por la clase verdaderamente revolucionaria: el proletariado. No hay otro medio de alejarse de la guerra imperialista…”.

NOTA: El presidente Chávez ha enfermado y su salud es delicada. Los revolucionarios hacemos votos por su pronta y total recuperación, por que continúe dirigiendo los destinos de Venezuela su patria corrigiendo los errores con la fuerza y la entereza que le conocemos. 

Carolina Trens

martes, 26 de abril de 2011

El único Estado que respeto, amo y reconozco es el Estado Mayor Central de las FARC y su Secretariado

Marinelly Hernández Orozcoprisionera de guerra 
Se declara en ruptura ante el Juez Penal del Circuito especializado de Quibdo
Por Traspasa los Muros
El pasado 6 de abril de 2011, Marinelly Hernández Orozco, insurgente de las FARC –EP y Prisionera de Guerra del Estado Colombiano, fue conducida por el INPEC a la audiencia pública citada por el Juez Penal del Circuito Especializado de Quibdo, dentro del proceso No. 2010002000.
Marinelly, de 33 años de edad, miembro de una familia humilde y campesina de la vereda Agua Bonita del Municipio de San Rafael (Antioquía), luego de ser presentada en audiencia manifestó al juez que se “declaraba en ruptura”, por considerar la inexistencia de garantías al debido proceso y por desconocer como autoridad al estado colombiano, procediendo a entregar un escrito en el que sustentó su declaración y renuncio a cualquier tipo de defensa, manifestando textualmente “No necesito ninguna defensa, pues no he cometido ningún delito, me declaro en ruptura con el estado colombiano y sus leyes anti populares e injustas, he sido una luchadora del pueblo”.
En su narración, Marinelly declaró que durante su niñez vivió en carne propia las continuas agresiones y persecuciones que el Ejército Colombiano desató contra sus padres y todo el campesinado de su región por el solo hecho de pertenecer a la Unión Patriótica (UP), y en su adolescencia fue testigo de múltiples asesinatos de campesinos, amigos, vecinos y familiares, cuyos cuerpos eran abandonados con señales de tortura o desmembramiento… “Todo esto fue parte de la guerra sucia y psicológica que implementaron para asustar a los luchadores populares. ¿Acaso con todas estas vivencias que era el diario vivir, puede un niño o joven creer en un Estado o alguna justicia?”, asintió la prisionera, quien atribuyo tales crímenes la Policía, el Ejército y grupos paramilitares, y a manera de ejemplo, citó la masacre en el Río Nare donde “el Capitán Martínez con sus tropas ingresaron a unas minas de oro donde se encontraban los campesinos sacando el mineral y un día antes, lanzaron panfletos diciéndoles que desalojaran, y al otro día entraron con motosierras y hachas, amarraron a los trabajadores en cadena y delante de ellos iban soltado de uno en uno, sin asesinarlos, les quitaban los brazos, las piernas y luego de cada persona recogían un solo brazo, una sola pierna y un montón lo tiraban al río y otros a los huecos de las minas y otros los dejaban para que las aves se los comieran”.
La prisionera reveló que las acciones y violaciones del Estado Colombiano contra el Pueblo le indicaron el camino que debía seguir de lo contrario “terminar masacrada, torturada o discapacitada por ser ejemplarizada como quedan muchos campesinos, sin tener nada que ver con el conflicto, o terminar siendo desplazada y viviendo de las limosnas en las ciudades”; por lo que a la edad de 14 años, con una madurez lograda por tales violaciones y entendiendo que “por la vida no hay respeto y que sólo existe el símbolo de la vida”, ingresó a las FARC, considerando esta como su “única alternativa o forma de preservar la vida, luchar por ella y reclamar nuestros derechos”.
En su relato Marinelly denuncia que como represalia por haber ingresado a las FARC, en el año 2000, el ejército en contubernio con los paramilitares asesinó a su padre… “a mi único hermano también adolescente, le toco desaparecer, ni siquiera pudo darle sepultura a nuestro querido padre… Nuestro padre se llamaba HÉCTOR ALONSO HERNÁNDEZ, el Ejército colombiano, en unión con los paramilitares lo colgó vivo de sus manos introduciendo ganchos en sus extremidades como si fuera carne de carnicería, luego le chuzaron el estómago y todo su cuerpo con una navaja o cuchillo, después arrollaron sus labios como se les taja a los pescados, por último, le dieron un tiro de gracia en su cabeza; según medicina legal o quienes practicaron el levantamiento, a nuestro padre lo torturaron vivo. Mi papá tenía 70 años de edad, ¿Cómo es posible que hagan eso con un anciano, tildándolo de guerrillero? Acaso por yo ser revolucionaria ¿Tenían que cobrarlo con la vida de mi padre?, entonces, ¿Qué diríamos de todos los senadores juzgados por parapolítica? ¿Que todas sus familias también tendrían que estar en las cárceles o deberían ser torturadas y sometidas a vejámenes contra la humanidad?, cobardes los que torturan y dan positivos con los campesinos y las personas indefensas”.
Después de 16 años en las FARC, Marinelly fue apresada, dice que le han atribuido un sinnúmeros de delitos de los cuales no es responsable, a pesar que fue captura en condición de rebelde, siendo sometida a 3 juicos, condenada en 2 de ellos y procesada actualmente por los delitos de rebelión, terrorismo, homicidio, entre otros, según sus propias palabras “repitiéndose la misma dosis que en los anteriores juicios para justificar una nueva condena que legitime la cadena perpetua de hecho que se acostumbra imponer a las y los prisioneros políticos en Colombia”, causándole hilaridad que a mujeres como ella las llamen a juicio por terroristas, mientras que “el actuar terrorista ha sido bandera de los gobiernos durante los dos últimos siglos, pero que en estos últimos años han pasado de la acción velada, a la acción descarada del ejército colombiano que con una actitud real de terror cambia como el camaleón, no de color sino de pelambre y en las noches combina brazaletes, filosos machetes y motosierras, para luego, en la mañana, de nuevo convertirse en “glorioso Ejército de Colombia… Tengo que denunciar el innoble papel que juegan jueces y fiscales judicializando a campesinos en masa por el único delito de vivir en zonas alta influencia del conflicto armado…Cómo llamarle sino ¡TERRORISTA! a un Estado que castiga con el hambre y el olvido a su pueblo y que producto de ello mueren gran cantidad de niños en total olvido”, concluye la prisionera.
Luego de hacer un recorrido estadístico sobre los altos niveles de pobreza y desigualdad en Colombia y las prioridades de los gobiernos en hacer la guerra mediante practicas de lesa humanidad como las 3.000 ejecuciones extrajudiciales consumadas dentro del periodo presidencial de Álvaro Uribe, el despojo de la tierra al campesinado y su acumulación en pocas manos como principal causa del empobrecimiento de treinta millones de los 42.888.592 habitantes que, “según las cifras oficiales” tiene Colombia, Marinelly, afirma que “es impensable una solución a los profundos problemas económicos, políticos y sociales del país si se sigue bajo la tiranía de un régimen que persista en las políticas de ruina para el campo y dentro de la misma dinámica, empuja a la miseria a las mayorías nacionales… el pueblo colombiano está gobernado, desde sus diferentes estamentos, por bandidos, que en las más diversas ramas, han recurrido a crímenes de lesa humanidad para perpetuarse en el poder”.
Así, señala que en los procesos políticos, al que son sometidas las y los revolucionarios en Colombia, se aplica una “justicia de venganza privada con uso de las figuras públicas por parte de una clase dominante” que impone altas penas privativas de la libertad, citando al guerrillero JACOBO ARENAS quien, según la fuente, dijo: “en Colombia hay dos poderes: el uno es el poder formal, como quien dice, el poder que se nos presenta en unas determinadas formas como por ejemplo, los llamados poder ejecutivo, poder legislativo y el poder judicial; este es el poder formal que no decide nada porque en las condiciones de hoy es como digamos algo decorativo, sujeto al verdadero poder”.
Finalmente, la prisionera de guerra deja claro que para ella el aparato de justicia en el conflicto colombiano es una contundente arma del gobierno, por lo que rechaza los supuestos beneficios o pactos que le ofrecen, afirmando “asumo todos los procesos a los que he sido sometida, incluyendo el presente, no pretendo un trato benévolo, conozco claramente la política de cadena perpetua fijada para las y los prisioneros políticos, hagan lo que tengan que hacer, no me preocupo, porque la historia me absolverá y la justicia revolucionaria condenara a quien como ustedes se levantaron contra su pueblo…Señor Juez, no tiene usted autoridad moral para juzgarme, ni usted señor fiscal para acusarme, se equivocaron si piensan que he venido a renegar de mi organización y mi partido, pues aún padeciendo los sinsabores de los 40 años a los que he sido condenada con anterioridad y de los últimos acontecimientos me ratifico ¡ORGULLOSA FARIANA Y EN LA BÚSQUEDA DEL HOMBRE Y LA MUJER NUEVA!, capaz de generar los cambios que garanticen el desarrollo de una vida digna en todos los campos de la producción, desarrollo que con el actual sistema capitalista no está en capacidad de otorgar, pues sus fines son contrarios a mi sentir por lo que lo combato y lo combatiré… Desconozco el Estado que me juzga y mantiene prisionera, sólo reconozco para mi juicio los documentos farianos, por ser la única institución que respeto y por la que llegaría sin duda al sacrificio. De la misma manera, el único Estado que respeto, amo y reconozco es el ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP y su Secretariado, enarbolando la espada y el pensamiento de nuestro libertador Simón Bolívar, nuestro padre espiritual, por la definitiva independencia y la construcción de la patria grande y el socialismo, hemos jurado vencer y venceremos!!!”
Con estas palabras Marinelly Hernández Orozco, convidó al juez a no requerirla a futuras audiencias y a no nombrarle abogado para su defensa, pues como iniciamos este artículo, considera no tener nada de que defenderse por no ser responsable de ningún delito.
Mientras tanto, desde la Reclusión de Mujeres de Medellín, MARINELLY espera el desarrollo del conflicto colombiano, en sus palabras, “con la cabeza y la moral revolucionaria en alto” insistiendo en citar a su camarada Jorge Briceño al decir “En las FARC no tenemos almas de traidores, sino de patriotas y revolucionarios, hemos luchado y continuaremos haciéndolo con valor, entrega y sacrificio por derrocar este régimen podrido de las oligarquías y construir otro orden social”.
Este es el caso mas significativo de ruptura que durante la ultima década se haya presentado, pues representa a miles de hombre y mujeres que en sus edades de mayor grado de productividad son sometidos a cadena perpetua en lo real, quedándoles como única esperanza para recobrar su libertad la salida política al conflicto o un eventual intercambio humanitario.
Abril de 2011

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